jueves, 26 de septiembre de 2013

DOCUMENTO 5 - Las colecciones científicas: eje del conocimiento de la biodiversidad


     La ciencia ha tenido a lo largo de nuestra historia una irregular presencia: grandes

esfuerzos por la institucionalización de la actividad científica en nuestro país se han

sucedido a largos periodos de abandono. Esta situación ha tenido su equivalente en la formación
 
de colecciones de objetos de interés científico y en la constitución de museos de ciencia.
 

    Las colecciones científicas que Felipe II centralizó en El Escorial o los gabinetes de

Máquinas o de Historia Natural, en el siglo XVIII, son magníficos precedentes de

museos de ciencia; pero en algunos casos estos esfuerzos no tuvieron continuidad y el

devenir histórico, en otros, determinó el ocaso de los centros y colecciones, cuando no

su destrucción. Además, el carácter utilitario de los objetos científicos los hacía poco

atractivos como piezas de valor artístico y, por tanto, eran bienes poco susceptibles de

constituir colecciones temáticas de entidad dignas de ser conservadas. Si otros objetos

culturales (óleos o libros, por ejemplo) se conservaron en colecciones reales o

nobiliarias, para integrarse en el siglo XIX en museos o colecciones nacionales (tal es el

caso del Museo del Prado o de la Biblioteca Nacional), el patrimonio científico español

permanecía disperso por instituciones científicas o administrativas de la más diversa

condición, custodiadas por eruditos o funcionarios más o menos diligentes.

 

     En los últimos años de la década de 1960 se dieron los primeros pasos para el

establecimiento de un museo de ciencia, que no prosperarían hasta 1980, cuando un

real decreto creó el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. El Museo nació como

ente administrativo sin colección. El primer objetivo de sus gestores habría de ser, por

tanto, constituir una colección de instrumentos y material científico sobre la que el

nuevo centro pudiera acometer su labor de conservación y divulgación.

 

     En estos años de existencia del Museo se han utilizado profusamente los diversos

mecanismos posibles para la formación de una colección museológica (compras,

donaciones, depósitos o cambios de adscripción entre instituciones públicas) hasta

constituir una notable colección de más de 10.000 piezas. El primer gran logro en la

formación de la colección fue la incorporación de más de 1.000 objetos procedentes

del Instituto de Enseñanza Secundaria San Isidro de Madrid. Este Instituto, que desde

mediados del siglo XIX había sido el centro de referencia de la capital, había heredado

una rica colección de instrumentos procedentes de la Academia de Matemáticas

creada por Felipe II, el Colegio Imperial y los Reales Estudios de San Isidro. La colección

cedida al Museo estaba formada por instrumentos de física, astronomía, geodesia,…

etc., datados entre los siglos XVI y XX.

 

     La colección del Instituto es excepcionalmente rica, y en ella destacan una ballestilla y

un astrolabio universal. La ballestilla era un instrumento de medición astronómica y

topográfica habitual en las edades media y moderna, la custodiada en el Museo es una

de las dos únicas conocidas elaboradas por el prestigioso instrumentista flamenco

Arsenius: una incompleta en el British Museum y la pieza, completa y bien conservada,

del Instituto madrileño. Los astrolabios, piezas en ocasiones profusamente decoradas,

son instrumentos que permitían determinar las posiciones estelares y realizar

mediciones de geodésicas y topográficas. Se han conservado numerosos ejemplares de

este tipo de instrumentos, e incluso hay museos que cuentan con numerosas y valiosas

piezas; el depositado en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología ha sido atribuido a

Gualterius Arsenius.

 

     Las dos mencionadas son probablemente las piezas más valiosas de la colección, pero

hay otras de indudable valor historicocientífico y artístico: el conjunto de instrumentos

del siglo XVIII tienen indudable valor por sí mismos y por estar asociados a un

momento estelar de la actividad científica en nuestro país. Entre éstas destaca una

notable colección de microscopios, de telescopios o una bellísima esfera armilar

fabricada en Londres por George Adams. Junto a estas piezas, la delicada y bella

colección de maquetas mecánicas incluidas en la colección proporciona un magnífico

muestrario de material pedagógico utilizado en la España dieciochesca y

decimonónica.

 

    Importante incorporación a los fondos del Museo fue el depósito de un conjunto de

más de 700 piezas de la Facultad de Física de la Universidad de Madrid, que tuvo lugar

en el año 1995. Esta colección, oportunamente catalogada, ha sido profusamente

estudiada y un completo catálogo está en fase de publicación.

 

    En conjunto, el depósito del Instituto San Isidro y de la Facultad de Física hacen de la

colección de instrumentos del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología la más notable

del país en las diversas disciplinas de las ciencias físicas, entendidas éstas en el sentido

más amplio posible: astronomía, topografía, geodesia, óptica, magnetismo, mecánica,

etc.

 

    El Museo cuenta igualmente con una notable colección de piezas de tecnología. En

líneas generales la incorporación de estas piezas responde a donaciones o cambios de

adscripción de otras instituciones de ejemplares independientes o a pequeñas

colecciones, y no como en los casos anteriormente citados a depósitos de grandes

colecciones de coherencia temática. El Museo ha logrado, no obstante, formar un

conjunto orgánico de instrumentos que ejemplifican perfectamente la evolución de los

diversos elementos tecnológicos y herramientas. Una sugerente colección de

teléfonos, de receptores de radio y televisión, de telégrafos muestra el desarrollo de

las comunicaciones; una notable selección de automóviles y motocicletas presenta los

hitos de los transportes. Mención especial merecen el conjunto de aparatos de

cinematografía (linternas mágicas, praxinoscopios, zootropos, proyectores, etc.) y de

sonido (pianolas, fonógrafos, gramófonos, magnetofones, etc.), estos últimos

acompañados de sus cilindros de cera, discos de pizarra o vinilo. Los relojes cuentan en

el Museo con una rica representación: junto a relojes solares figuran ricos relojes

mecánicos del siglo XVIII y XIX.

 

    Menos representadas están las secciones de química y biomedicina, a pesar de que las

segundas cuentan con ejemplares procedentes de hospitales, dispensarios y centros

de investigación biológica, a los que debe unirse la reciente adquisición de una

completa muestra de instrumentos sanitarios.

 

    En todo caso el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología cuenta con una notabilísima

colección de más de 10.000 piezas, de las cuales sólo está expuesta una pequeñísima

porción (algo más de 200). Esta exigua proporción debe hacernos reflexionar acerca de

la paradójica situación que ha vivido en sus casi veinte años este Museo: nacido “en la

Gaceta” (para decirlo al modo decimonónico), sin colección, ha logrado formar un

importante fondo que recoge, bien que parcialmente, muestras de nuestro pasado

historicocientífico. No obstante, la sempiterna penuria económica y la falta de una

decisión política firme han impedido el desarrollo equilibrado de la institución, que

cuenta con escaso personal y continuos agobios de espacio en su área de exposición y

almacén.

 

    Esta situación intentó paliarse hace unos años (entre 1996 y 1999) con un proyecto de

investigación novedoso y ambicioso: el Museo Hispano de Ciencia y Tecnología.

Desarrollado por el propio Museo Nacional y por el Departamento de Ingeniería

Telemática de la Universidad Politécnica de Madrid y con la colaboración de múltiples

organismos con colecciones científicas de valor histórico (Museo Naval, Museo de

Farmacia Hispana, Museo de Farmacia Militar…), el Museo Hispano pretendía

presentar, utilizando las nuevas tecnologías, información sobre el patrimonio científico

depositado en cada una instituciones colaboradoras. Los resultados tangibles de dicho

esfuerzo fueron un CD-ROM que recogía una selección de las piezas de cada centro;

posteriormente, la información de este CD-ROM se trasladó a un servidor de Internet

http://mhct.mnct.mcu.es/ El proyecto, que debía combinar la potencia de búsqueda

de las bases de datos informatizadas, la capacidad multimedia de Internet y la labor

divulgativa de los profesionales del Museo no pudo completar la totalidad de sus

ambiciosos objetivos y no fue, en último término, capaz de transformarse en un

programa de inventario y difusión del patrimonio científico español.

 

    En los últimos meses la constitución de la Fundación de Apoyo al Museo, que intenta

aportar financiación y solidez institucional al centro, parece apuntar nuevas

esperanzas. ¡Ojalá puedan cristalizar en un centro de referencia para nuestra historia

intelectual y científica!

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