viernes, 25 de octubre de 2013

DIA DEL TREN - MUSEO DEL FERROCARRIL

ACTUALIDAD (Información de eventos que pueden interesar. Actividades voluntarias)
   DIA DEL TREN - MUSEO DEL FERROCARRIL
  El profesor Emilio Olías - que seguirá con la segunda parte de la asignatura a partir del próximo lunes día 28- aprovecha para darnos información de una actividad del día 26 de octubre, que organiza el Museo del Ferrrocarril. La aparición del Ferrocarril como referente en los estudios actuales sobre Patrimonio Técnico e Industrial es uno de los temas que aborda precisamente en sus clases.

 DIA DEL TREN
  • El Museo ofrecerá un horario especial de apertura, de 10.00 a 21.00 horas, con propuestas destinadas a la difusión del ferrocarril entre los visitantes.
                   La entrada será gratuita

El sábado 26 de octubre, el Museo del Ferrocarril de Madrid celebrará una jornada de puertas abiertas con motivo del “Día del Tren”, en el que se conmemora la puesta en marcha hace 165 años de la primera línea férrea peninsular, Barcelona-Mataró, un 28 de octubre de 1848. Como en años anteriores, se ha organizado un programa de actividades para todos los públicos, que ofrece multitud de posibilidades para disfrutar de un día diferente en el Museo.
En la programación de este año destaca la posibilidad de realizar pequeños viajes de ida y vuelta a bordo de los coches de viajeros del ‘Tren de la Fresa’ por las vías exteriores del Museo. También se han incluido demostraciones de modelismo, visitas guiadas a una selección de vehículos de la exposición permanente y al enclavamiento hidráulico de Algodor así como a las instalaciones de la Biblioteca Ferroviaria y el Archivo Histórico Ferroviario.
      El público infantil tendrá la oportunidad de realizar talleres didácticos o asistir al estreno de la nueva temporada teatral con la obra ‘El viaje de Mopa’, a cargo de la compañía ‘Teatro del Ferrocarril’ que regresa al Museo. En paralelo y con horario de mañana y tarde, el Círculo Madrileño Ferroviario celebrará los 15 años de la apertura del parque ferroviario ‘Ferrocarril de las Delicias’ con la puesta en funcionamiento de sus trenes de jardín de cinco pulgadas.
      Durante todo el día se podrá participar en un juego de pistas ferroviario para toda la familia con diversos premios para los acertantes y además, entre todas las entradas repartidas a los visitantes, también se realizará un sorteo de invitaciones para viajar en el ‘Tren de Cervantes’.
       La Jornada se cerrará a las 20.00 horas con un concierto del Coro Fundación de los Ferrocarriles Españoles, que en esta ocasión contará con la compañía del Coro Federico García Lorca de Granada
Programa de actividades
© Museo del Ferrocarril - Todos los derechos reservados 2013
 

jueves, 26 de septiembre de 2013

DOCUMENTO 6 - Colección de animales y monstruos del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid

DOCUMENTO 5 - Las colecciones científicas: eje del conocimiento de la biodiversidad


     La ciencia ha tenido a lo largo de nuestra historia una irregular presencia: grandes

esfuerzos por la institucionalización de la actividad científica en nuestro país se han

sucedido a largos periodos de abandono. Esta situación ha tenido su equivalente en la formación
 
de colecciones de objetos de interés científico y en la constitución de museos de ciencia.
 

    Las colecciones científicas que Felipe II centralizó en El Escorial o los gabinetes de

Máquinas o de Historia Natural, en el siglo XVIII, son magníficos precedentes de

museos de ciencia; pero en algunos casos estos esfuerzos no tuvieron continuidad y el

devenir histórico, en otros, determinó el ocaso de los centros y colecciones, cuando no

su destrucción. Además, el carácter utilitario de los objetos científicos los hacía poco

atractivos como piezas de valor artístico y, por tanto, eran bienes poco susceptibles de

constituir colecciones temáticas de entidad dignas de ser conservadas. Si otros objetos

culturales (óleos o libros, por ejemplo) se conservaron en colecciones reales o

nobiliarias, para integrarse en el siglo XIX en museos o colecciones nacionales (tal es el

caso del Museo del Prado o de la Biblioteca Nacional), el patrimonio científico español

permanecía disperso por instituciones científicas o administrativas de la más diversa

condición, custodiadas por eruditos o funcionarios más o menos diligentes.

 

     En los últimos años de la década de 1960 se dieron los primeros pasos para el

establecimiento de un museo de ciencia, que no prosperarían hasta 1980, cuando un

real decreto creó el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. El Museo nació como

ente administrativo sin colección. El primer objetivo de sus gestores habría de ser, por

tanto, constituir una colección de instrumentos y material científico sobre la que el

nuevo centro pudiera acometer su labor de conservación y divulgación.

 

     En estos años de existencia del Museo se han utilizado profusamente los diversos

mecanismos posibles para la formación de una colección museológica (compras,

donaciones, depósitos o cambios de adscripción entre instituciones públicas) hasta

constituir una notable colección de más de 10.000 piezas. El primer gran logro en la

formación de la colección fue la incorporación de más de 1.000 objetos procedentes

del Instituto de Enseñanza Secundaria San Isidro de Madrid. Este Instituto, que desde

mediados del siglo XIX había sido el centro de referencia de la capital, había heredado

una rica colección de instrumentos procedentes de la Academia de Matemáticas

creada por Felipe II, el Colegio Imperial y los Reales Estudios de San Isidro. La colección

cedida al Museo estaba formada por instrumentos de física, astronomía, geodesia,…

etc., datados entre los siglos XVI y XX.

 

     La colección del Instituto es excepcionalmente rica, y en ella destacan una ballestilla y

un astrolabio universal. La ballestilla era un instrumento de medición astronómica y

topográfica habitual en las edades media y moderna, la custodiada en el Museo es una

de las dos únicas conocidas elaboradas por el prestigioso instrumentista flamenco

Arsenius: una incompleta en el British Museum y la pieza, completa y bien conservada,

del Instituto madrileño. Los astrolabios, piezas en ocasiones profusamente decoradas,

son instrumentos que permitían determinar las posiciones estelares y realizar

mediciones de geodésicas y topográficas. Se han conservado numerosos ejemplares de

este tipo de instrumentos, e incluso hay museos que cuentan con numerosas y valiosas

piezas; el depositado en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología ha sido atribuido a

Gualterius Arsenius.

 

     Las dos mencionadas son probablemente las piezas más valiosas de la colección, pero

hay otras de indudable valor historicocientífico y artístico: el conjunto de instrumentos

del siglo XVIII tienen indudable valor por sí mismos y por estar asociados a un

momento estelar de la actividad científica en nuestro país. Entre éstas destaca una

notable colección de microscopios, de telescopios o una bellísima esfera armilar

fabricada en Londres por George Adams. Junto a estas piezas, la delicada y bella

colección de maquetas mecánicas incluidas en la colección proporciona un magnífico

muestrario de material pedagógico utilizado en la España dieciochesca y

decimonónica.

 

    Importante incorporación a los fondos del Museo fue el depósito de un conjunto de

más de 700 piezas de la Facultad de Física de la Universidad de Madrid, que tuvo lugar

en el año 1995. Esta colección, oportunamente catalogada, ha sido profusamente

estudiada y un completo catálogo está en fase de publicación.

 

    En conjunto, el depósito del Instituto San Isidro y de la Facultad de Física hacen de la

colección de instrumentos del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología la más notable

del país en las diversas disciplinas de las ciencias físicas, entendidas éstas en el sentido

más amplio posible: astronomía, topografía, geodesia, óptica, magnetismo, mecánica,

etc.

 

    El Museo cuenta igualmente con una notable colección de piezas de tecnología. En

líneas generales la incorporación de estas piezas responde a donaciones o cambios de

adscripción de otras instituciones de ejemplares independientes o a pequeñas

colecciones, y no como en los casos anteriormente citados a depósitos de grandes

colecciones de coherencia temática. El Museo ha logrado, no obstante, formar un

conjunto orgánico de instrumentos que ejemplifican perfectamente la evolución de los

diversos elementos tecnológicos y herramientas. Una sugerente colección de

teléfonos, de receptores de radio y televisión, de telégrafos muestra el desarrollo de

las comunicaciones; una notable selección de automóviles y motocicletas presenta los

hitos de los transportes. Mención especial merecen el conjunto de aparatos de

cinematografía (linternas mágicas, praxinoscopios, zootropos, proyectores, etc.) y de

sonido (pianolas, fonógrafos, gramófonos, magnetofones, etc.), estos últimos

acompañados de sus cilindros de cera, discos de pizarra o vinilo. Los relojes cuentan en

el Museo con una rica representación: junto a relojes solares figuran ricos relojes

mecánicos del siglo XVIII y XIX.

 

    Menos representadas están las secciones de química y biomedicina, a pesar de que las

segundas cuentan con ejemplares procedentes de hospitales, dispensarios y centros

de investigación biológica, a los que debe unirse la reciente adquisición de una

completa muestra de instrumentos sanitarios.

 

    En todo caso el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología cuenta con una notabilísima

colección de más de 10.000 piezas, de las cuales sólo está expuesta una pequeñísima

porción (algo más de 200). Esta exigua proporción debe hacernos reflexionar acerca de

la paradójica situación que ha vivido en sus casi veinte años este Museo: nacido “en la

Gaceta” (para decirlo al modo decimonónico), sin colección, ha logrado formar un

importante fondo que recoge, bien que parcialmente, muestras de nuestro pasado

historicocientífico. No obstante, la sempiterna penuria económica y la falta de una

decisión política firme han impedido el desarrollo equilibrado de la institución, que

cuenta con escaso personal y continuos agobios de espacio en su área de exposición y

almacén.

 

    Esta situación intentó paliarse hace unos años (entre 1996 y 1999) con un proyecto de

investigación novedoso y ambicioso: el Museo Hispano de Ciencia y Tecnología.

Desarrollado por el propio Museo Nacional y por el Departamento de Ingeniería

Telemática de la Universidad Politécnica de Madrid y con la colaboración de múltiples

organismos con colecciones científicas de valor histórico (Museo Naval, Museo de

Farmacia Hispana, Museo de Farmacia Militar…), el Museo Hispano pretendía

presentar, utilizando las nuevas tecnologías, información sobre el patrimonio científico

depositado en cada una instituciones colaboradoras. Los resultados tangibles de dicho

esfuerzo fueron un CD-ROM que recogía una selección de las piezas de cada centro;

posteriormente, la información de este CD-ROM se trasladó a un servidor de Internet

http://mhct.mnct.mcu.es/ El proyecto, que debía combinar la potencia de búsqueda

de las bases de datos informatizadas, la capacidad multimedia de Internet y la labor

divulgativa de los profesionales del Museo no pudo completar la totalidad de sus

ambiciosos objetivos y no fue, en último término, capaz de transformarse en un

programa de inventario y difusión del patrimonio científico español.

 

    En los últimos meses la constitución de la Fundación de Apoyo al Museo, que intenta

aportar financiación y solidez institucional al centro, parece apuntar nuevas

esperanzas. ¡Ojalá puedan cristalizar en un centro de referencia para nuestra historia

intelectual y científica!

DOCUMENTO 4 - Ciencia y cultura fuera de la órbita imperial

DOCUMENTO 3 - Golinski

DOCUMENTO 2 - Patrimonio historicocientífico y estrategias de difusión

   



 
 

 






 







    La ciencia ha tenido a lo largo de nuestra historia una irregular presencia: grandes La ciencia
 
ha tenido a lo  largo de nuestra historia una irregular presencia: grandes esfuerzos por la institucionalización
 
de la  actividad  científica en nuestro país se han sucedido a largos periodos de abandono. Esta situación ha
 
tenido  su equivalente en la formación de colecciones de objetos de interés científico y en la constitución de
 
museos  de ciencia.
 
 


     Las colecciones científicas que Felipe II centralizó en El Escorial o los gabinetes de
Máquinas o de Historia Natural, en el siglo XVIII, son magníficos precedentes de

museos de ciencia; pero en algunos casos estos esfuerzos no tuvieron continuidad y el

devenir histórico, en otros, determinó el ocaso de los centros y colecciones, cuando no

su destrucción. Además, el carácter utilitario de los objetos científicos los hacía poco

atractivos como piezas de valor artístico y, por tanto, eran bienes poco susceptibles de

constituir colecciones temáticas de entidad dignas de ser conservadas. Si otros objetos

culturales (óleos o libros, por ejemplo) se conservaron en colecciones reales o

nobiliarias, para integrarse en el siglo XIX en museos o colecciones nacionales (tal es el

caso del Museo del Prado o de la Biblioteca Nacional), el patrimonio científico español

permanecía disperso por instituciones científicas o administrativas de la más diversa

condición, custodiadas por eruditos o funcionarios más o menos diligentes.

 

     En los últimos años de la década de 1960 se dieron los primeros pasos para el

establecimiento de un museo de ciencia, que no prosperarían hasta 1980, cuando un

real decreto creó el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. El Museo nació como

ente administrativo sin colección. El primer objetivo de sus gestores habría de ser, por

tanto, constituir una colección de instrumentos y material científico sobre la que el

nuevo centro pudiera acometer su labor de conservación y divulgación.

 

     En estos años de existencia del Museo se han utilizado profusamente los diversos

mecanismos posibles para la formación de una colección museológica (compras,

donaciones, depósitos o cambios de adscripción entre instituciones públicas) hasta

constituir una notable colección de más de 10.000 piezas. El primer gran logro en la

formación de la colección fue la incorporación de más de 1.000 objetos procedentes

del Instituto de Enseñanza Secundaria San Isidro de Madrid. Este Instituto, que desde

mediados del siglo XIX había sido el centro de referencia de la capital, había heredado

una rica colección de instrumentos procedentes de la Academia de Matemáticas

creada por Felipe II, el Colegio Imperial y los Reales Estudios de San Isidro. La colección

cedida al Museo estaba formada por instrumentos de física, astronomía, geodesia,…

etc., datados entre los siglos XVI y XX.

 

     La colección del Instituto es excepcionalmente rica, y en ella destacan una ballestilla y

un astrolabio universal. La ballestilla era un instrumento de medición astronómica y

topográfica habitual en las edades media y moderna, la custodiada en el Museo es una

de las dos únicas conocidas elaboradas por el prestigioso instrumentista flamenco

Arsenius: una incompleta en el British Museum y la pieza, completa y bien conservada,

del Instituto madrileño. Los astrolabios, piezas en ocasiones profusamente decoradas,

son instrumentos que permitían determinar las posiciones estelares y realizar

mediciones de geodésicas y topográficas. Se han conservado numerosos ejemplares de

este tipo de instrumentos, e incluso hay museos que cuentan con numerosas y valiosas

piezas; el depositado en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología ha sido atribuido a

Gualterius Arsenius.

 

     Las dos mencionadas son probablemente las piezas más valiosas de la colección, pero

hay otras de indudable valor historicocientífico y artístico: el conjunto de instrumentos

del siglo XVIII tienen indudable valor por sí mismos y por estar asociados a un

momento estelar de la actividad científica en nuestro país. Entre éstas destaca una

notable colección de microscopios, de telescopios o una bellísima esfera armilar

fabricada en Londres por George Adams. Junto a estas piezas, la delicada y bella

colección de maquetas mecánicas incluidas en la colección proporciona un magnífico

muestrario de material pedagógico utilizado en la España dieciochesca y

decimonónica.

 

    Importante incorporación a los fondos del Museo fue el depósito de un conjunto de

más de 700 piezas de la Facultad de Física de la Universidad de Madrid, que tuvo lugar

en el año 1995. Esta colección, oportunamente catalogada, ha sido profusamente

estudiada y un completo catálogo está en fase de publicación.

 

    En conjunto, el depósito del Instituto San Isidro y de la Facultad de Física hacen de la

colección de instrumentos del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología la más notable

del país en las diversas disciplinas de las ciencias físicas, entendidas éstas en el sentido

más amplio posible: astronomía, topografía, geodesia, óptica, magnetismo, mecánica,

etc.

 

    El Museo cuenta igualmente con una notable colección de piezas de tecnología. En

líneas generales la incorporación de estas piezas responde a donaciones o cambios de

adscripción de otras instituciones de ejemplares independientes o a pequeñas

colecciones, y no como en los casos anteriormente citados a depósitos de grandes

colecciones de coherencia temática. El Museo ha logrado, no obstante, formar un

conjunto orgánico de instrumentos que ejemplifican perfectamente la evolución de los

diversos elementos tecnológicos y herramientas. Una sugerente colección de

teléfonos, de receptores de radio y televisión, de telégrafos muestra el desarrollo de

las comunicaciones; una notable selección de automóviles y motocicletas presenta los

hitos de los transportes. Mención especial merecen el conjunto de aparatos de

cinematografía (linternas mágicas, praxinoscopios, zootropos, proyectores, etc.) y de

sonido (pianolas, fonógrafos, gramófonos, magnetofones, etc.), estos últimos

acompañados de sus cilindros de cera, discos de pizarra o vinilo. Los relojes cuentan en

el Museo con una rica representación: junto a relojes solares figuran ricos relojes

mecánicos del siglo XVIII y XIX.

 

    Menos representadas están las secciones de química y biomedicina, a pesar de que las

segundas cuentan con ejemplares procedentes de hospitales, dispensarios y centros

de investigación biológica, a los que debe unirse la reciente adquisición de una

completa muestra de instrumentos sanitarios.

 

    En todo caso el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología cuenta con una notabilísima

colección de más de 10.000 piezas, de las cuales sólo está expuesta una pequeñísima

porción (algo más de 200). Esta exigua proporción debe hacernos reflexionar acerca de

la paradójica situación que ha vivido en sus casi veinte años este Museo: nacido “en la

Gaceta” (para decirlo al modo decimonónico), sin colección, ha logrado formar un

importante fondo que recoge, bien que parcialmente, muestras de nuestro pasado

historicocientífico. No obstante, la sempiterna penuria económica y la falta de una

decisión política firme han impedido el desarrollo equilibrado de la institución, que

cuenta con escaso personal y continuos agobios de espacio en su área de exposición y

almacén.

 

    Esta situación intentó paliarse hace unos años (entre 1996 y 1999) con un proyecto de

investigación novedoso y ambicioso: el Museo Hispano de Ciencia y Tecnología.

Desarrollado por el propio Museo Nacional y por el Departamento de Ingeniería

Telemática de la Universidad Politécnica de Madrid y con la colaboración de múltiples

organismos con colecciones científicas de valor histórico (Museo Naval, Museo de

Farmacia Hispana, Museo de Farmacia Militar…), el Museo Hispano pretendía

presentar, utilizando las nuevas tecnologías, información sobre el patrimonio científico

depositado en cada una instituciones colaboradoras. Los resultados tangibles de dicho

esfuerzo fueron un CD-ROM que recogía una selección de las piezas de cada centro;

posteriormente, la información de este CD-ROM se trasladó a un servidor de Internet

http://mhct.mnct.mcu.es/ El proyecto, que debía combinar la potencia de búsqueda

de las bases de datos informatizadas, la capacidad multimedia de Internet y la labor

divulgativa de los profesionales del Museo no pudo completar la totalidad de sus

ambiciosos objetivos y no fue, en último término, capaz de transformarse en un

programa de inventario y difusión del patrimonio científico español.

 

    En los últimos meses la constitución de la Fundación de Apoyo al Museo, que intenta

aportar financiación y solidez institucional al centro, parece apuntar nuevas

esperanzas. ¡Ojalá puedan cristalizar en un centro de referencia para nuestra historia

intelectual y científica!
 





Alfredo Baratas Diaz
Departamento de Biología Celular, Universidad Complutense de Madrid
Ref. Universidad de Valencia, Metode, Anuario 2000/52

DOCUMENTO 1 - Conservar y actualizar el patrimonio científico

Las palabras tienen vida propia y ganan y pierden prestigio y significado,
según los modos, los usos, la sensibilidad. Ahora parece que la expresión
“patrimonio” ha ganado puntos en el mundo académico y en el público atento
a estas cosas. Pero generalmente cuando hablamos de patrimonio cultural,
pensamos, primero, en objetos valiosos, pertenecientes, sobre todo, al terreno
del arte, de la artesanía y, también, de la arquitectura; más allá de los objetos,
quizá también pensemos en la literatura; pocas veces en la música culta; y, tal
vez con más frecuencia, en las tradiciones populares: fiestas, celebraciones,
mitología, bailes, canciones, debidamente filtradas a nuestros gustos y
necesidades, aunque, en general, mimadas con rigor científico por los
antropólogos.
Así mismo, estas referencias no abarcan ni mucho menos lo que compone el
patrimonio cultural de la humanidad: quedan algunas lagunas (o mares),
entre las cuales nos centraremos en el patrimonio científico y técnico.

¿QUÉ ES EL PATRIMONIO CIENTÍFICO Y TÉCNICO?
¿Qué podemos considerar que compone el patrimonio científico y técnico de
una comunidad cultural? De hecho, en una concepción antropológica de
cultura, aplicada en este caso a la cultura científica y técnica, hemos de incluir
todo aquello que se refiera a la actividad científica y a la actividad técnica,
considerando com tal no solamente la investigación, sino también la
enseñanza, las aplicaciones industriales, agrícolas y referidas al transporte, la
divulgación de masas, la artesanía, etc.
De todas formas, tendríamos que ordenar con un poco más de detalle este
concepto que, quizá, resulta un poco demasiado vago. Una posible
clasificación consistiría en separar el patrimonio escrito, el patrimonio
grabado y el patrimonio de objetos y construcciones.
Patrimonio escrito. Hemos de considerar, primero, los manuscritos, que
pueden ser trabajos o libros manuscritos, actas de reuniones, cuentas,
facturas, protocolos de laboratorio, diarios personales o agendas, borradores
de artículos, galeradas con correcciones y anotaciones y, evidentemente,
correspondencia. En segundo lugar, están los escritos impresos. Aquí
tenemos en cuenta los libros, las revistas científicas, boletines, hojas,
separatas, cartas o circulares impresas, convocatorias, carteles, catálogos
comerciales, propaganda. En tercer lugar, los escritos en soporte magnético.
Desde la generalización de los ordenadores personales o de las redes, hay
trabajos en disquetes (de los diferentes formatos!) o en CD-ROM (también
con diferentes formatos).
Patrimonio grabado. Hay resultados de la actividad científica o técnica
que acaban o se reflejan en grabaciones. Las más comunes, desde el siglo
XIX, son las fotografías. Desde final del mismo siglo, hay que tener en cuenta
los filmes y, recientemente, los vídeos o las grabaciones en CD-ROM.
Patrimonio de objetos y construcciones. Pasamos ahora a los
componentes del patrimonio que podríamos llamar de tres dimensiones. Son,
por una parte, los locales, edificios o conjuntos de edificaciones que pueden
haber acogido la actividad científica o técnica (pongamos por caso, un
laboratorio o un centro de enseñanza); también el mobiliario, los
instrumentos científicos (para la investigación o la docencia); las
instalaciones portuarias, las vías de comunicación (carreteras, puentes,
túneles, ferrocarriles o funiculares), los pantanos, los canales, los edificios
industriales, las máquinas, el conjunto de las instalaciones de una fábrica o de
un servicio, sin olvidar los productos fabricados (un automóvil, una brújula
giroscópica). También tendríamos que considerar las obras de arte que
representan o se vinculan con la actividad científica y técnica, incluidas las
composiciones musicales. Hemos de tener en cuenta, finalmente, un
elemento humano, las habilidades que tienen las personas para hacer y saber
hacer ciencia y tecnología.
Quizá aún puedan objetar que mi descripción es demasiado amplia y tal vez
confusa, porque presento a la vez elementos de la actividad científica y de la
actividad industrial. Sin embargo, lo hago por una convicción teórica firme: la
actividad productiva (industrial, agrícola, de transporte), la actividad de
enseñanza y de divulgación y la actividad de investigación científica y técnica,
aunque bien diferenciadas, no se pueden entender bien las unas sin las otras.
El desarrollo agrícola e industrial y el del transporte y las comunicaciones han
tenido lugar gracias a la incorporación no solamente de habilidades,
intuiciones e ingenio sino también de conocimientos científicos y tecnológicos
obtenidos tanto en el mismo mundo de la producción como en las
instituciones académicas. La posibilidad de utilización del conocimiento
existe gracias al sistema educativo y a la divulgación. Finalmente, el mundo
del conocimiento y de la investigación científica y tecnológica, aunque fue
durante un largo periodo una actividad personal, se ha convertido en
esencialmente institucional, con el apoyo de compañías y empresas pero,
sobre todo, de las administraciones públicas. Este apoyo (que, de hecho,
podemos remontar a los médicos o astrólogos al servicio de los príncipes o
reyes en la antigüedad) es posible porque consideran que la actividad
científica y técnica reporta beneficios importantes, tanto en sus aplicaciones
como por la imagen de prestigio o de poder que concede.
Siguiendo las ideas de Bertrand Gille recogidas por Thomas Hughes y otros,
generalizándolas desde el mundo de la técnica, tendríamos que tener en
cuenta siempre un sistema compuesto por ciencia-técnica/enseñanzadivulgación-
industria-agricultura-transporte-comunicaciones.
En el caso catalán, este elemento se suele presentar bajo un cierta distorsión
por el hecho de que la ciencia y la tecnología empleadas en la agricultura y la
industria tienen (y tienen muy a menudo) origen fuera de las fronteras
políticas españolas, generalmente en Europa y, desde final del siglo XIX,
también de América del Norte. Sin embargo tengo la convicción que es un
error considerar esta ciencia y esta tecnología como “extranjeras”, porque
excluye el hecho que nuestro país estuviera ya en el pasado económicamente
integrado en una formación social más amplia y no formalizada: Europa o, tal
vez, ciertas regiones europeas. Según pienso, los estados-nación que se
consolidaron en el siglo XIX y las ideologías nacionalistas que los
promovieron han enmascarado realidades sociales más profundas.
De todas maneras, no es extraño que tomemos un concepto muy amplio de
patrimonio. Cuando se trata de restos arqueológicos (por ejemplo, una ciudad
ibérica), se considera el patrimonio científico y técnico en esta amplitud: se
muestra la urbanización (calles, plazas, alcantarillado, murallas, viviendas,
lugares de ritual, almacenes de grano, pozos y cisternas), las herramientas de
trabajo o de guerra, los objetos de la cocina, los objetos de vestir o de jugar.
En cuanto a las civilizaciones más recientes, en lugar de exhaustividad hemos
de hacer una selección.

¿QUÉ HAY QUE CONSERVAR?
Como acabo de introducir, la conservación del patrimonio depende de
diversos factores. Uno de ellos, el que se insinúa en el ejemplo de los restos
ibéricos, es la abundancia (o escasez) de este patrimonio. A pesar de que
parece un criterio cuantitativo, en realidad no lo es, porque está muy
vinculado a la valoración social de los restos y esta valoración es resultado de
un conjunto mucho más complejo de factores, incluidos los psicológicos. Los
restos industriales de las primeras etapas de la industrialización, por ejemplo,
han sido odiados y exterminados mientras revivían el recuerdo de la
explotación salvaje que tenía lugar en ellos. Ahora bien, sin necesidad de
dejar de denunciar las condiciones de vida de los trabajadores de la época
correspondiente, podemos visitar una antigua forja admirando las
instalaciones, encontrando incluso la belleza y la integración en el paisaje.
Teniendo esto presente, ¿cómo se ha de tomar la decisión de conservar
alguna manifestación del patrimonio científico y técnico? De hecho, se deberá
proceder con los mismos criterios que se aplican, en general, al resto del
patrimonio. Evidentemente, los expertos deberán dar su opinión,
principalmente por lo que se refiere a la representatividad de los restos que
tengamos: representatividad de una época, de un proceso de investigación, de
un proceso de producción, etc. Después, tendrán que intervenir los factores
sociales de coste económico, valor de una posible explotación (turística, por
ejemplo), valoración estética o sentimental, etc. La opinión del público puede
llegar a ser decisiva y la han de poner en práctica sus representaciones, en
general, las administraciones públicas, aunque no se debe descartar la
intervención privada, tanto por razones de promoción publicitaria como de
mecenazgo.

¿DÓNDE SE DEBE CONSERVAR?
Tradicionalmente, el patrimonio, incluido el científico y técnico, se ha
conservado en las bibliotecas o archivos, si se trata de patrimonio escrito o
grabado, o en los museos, en el caso de los objetos. Los archivos y las
bibliotecas han cambiado mucho en los últimos años por razones tecnológicas
(por ejemplo, muchas tienen accesible el catálogo vía Internet e incluso
algunas ofrecen manuscritos o impresos raros accesibles por el mismo medio)
y por razones de concepto, de manera que generalmente se facilita el acceso
directo, en salas de lectura bastante amplias, al menos de una parte del fondo
(generalmente de material bibliográfico reciente), lo cual permite un contacto
más directo y ayuda a seleccionar mejor aquello que nos interesa.
Por lo que respecta a los museos, hay algunos bastante venerables, como el
Museo de Historia de la Ciencia de Oxford, actualmente dirigido por Jim
Bennett, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII. Los museos son, para
comenzar, locales de exposición donde las piezas se mantienen en buen
estado de conservación (siempre después de una restauración) y, de esta
manera, se preservan de las posibles agresiones del ambiente y se ofrecen al
público.
Sin embargo, la creencia de que los museos son como una especie de
mausoleo de la cultura se basa, con razón, en algunos museos, pero no hace
justicia a muchos de ellos, especialmente a los de ciencia y tecnología. Como
señala Jim Bennett, el museo de Oxford que hemos mencionado era, desde el
principio, un centro donde no solamente se exponía una colección naturalista
de interés sino que también era un lugar donde se hacía investigación
científica y donde se ofrecían cursos públicos de alta divulgación. Hoy en día
esta tradición de investigación y didáctica continúa muy viva. Los museos de
ciencia suelen disponer de centros de investigación adjuntos y uno de los más
destacados es el del Deutsches Museum de Munich. Pero lo que no falta en
ningún museo de ciencia y tecnología es una sección didáctica, de servicio a
las escuelas. Efectivamente, los museos científicos han pasado a ser un
elemento de referencia para la enseñanza de las ciencias, tanto cuando
ofrecen la historia de una disciplina o de una época como cuando presentan
instalaciones de experiencias que no son viables en los laboratorios escolares.
Por otra parte, no se debe pensar que el patrimonio científico y técnico se
encuentra únicamente en museos científicos. De hecho, y no solamente por la
definición tan general que he planteado, una parte importante del patrimonio
se conserva o se expone en otros tipos de museos, singularmente, en los
museos locales. La presentación de la realidad de una ciudad o de una
comarca incluye casi sin excepción exposiciones sobre sus medios de vida, es
decir, agricultura e industrias y medios de comunicación. También es general
que se exponga una explicación del entorno natural, geológico, mineralógico,
botánico o faunístico. Además, algunas veces se hace mención a la enseñanza
o a la investigación.
Las tendencias actuales de la museística plantean una concepción un poco
diferente del concepto de museo y de conservación del patrimonio. Se trata de
la idea de ecomuseo que se plantea la exposición del patrimonio sin sacarlo de
su lugar de origen. Este tipo de museo se ha desarrollado principalmente para
tratar la vida campesina y para exponer los restos de arqueología industrial.
Para conocer el mundo de la agricultura y de la ganadería parece adecuado
que se visite una masía auténtica recuperada y preparada didácticamente.
Mencionamos en este caso el ecomuseo de los valles de Àneu, en Esterri
d’Àneu, en el Pirineo, que es uno de los pioneros en nuestra tierra.
Por lo que respecta a los restos de instalaciones mineras o industriales, a
parte del problema de mover maquinaria de grandes dimensiones, convertir
una antigua instalación en un museo sirve para acceder de manera mucho
más directa a la realidad histórica de la industria. El ecomuseo industrial
pionero en Europa fue el de Le Creuzot, cerca de Lyon, en Francia. El Museu
Nacional de la Ciència i de la Tècnica de la Generalitat de Catalunya combina
un museo central, donde se recogen y se exponen piezas técnicas y científicas,
con una red de catorce museos consistentes en antiguas instalaciones
recuperadas para la visita. No hace falta decir que el concepto de ecomuseo se
adapta a una nueva visión de la museística y al mismo tiempo se beneficia de
un nuevo tipo de turismo, el llamado turismo industrial.

¿CÓMO SE DEBE CONSERVAR?
Nos planteamos, finalmente, la manera cómo se debe conservar el patrimonio
científico y técnico, lo cual tiene que ver, evidentemente, con el qué y el dónde
que hemos desarrollado hasta aquí. Hay que decir, para empezar, que el
patrimonio científico y técnico tiene que ser inventariado, catalogado, bien
descrito y estudiado. Desgraciadamente, no siempre se cumplen todas estas
condiciones. Es demasiado frecuente que se conserven elementos sin
catalogar: el caso de los archivos es el más general, aunque hemos de tener
presente la dificultad de catalogarlos adecuadamente. Pero donde suele haber
más carencias –o, al menos, esta es mi impresión– es en la descripción y el
estudio de las piezas y las instalaciones. La razón es bastante simple: con
frecuencia se hecha en falta la intervención de los historiadores de la ciencia y
de la técnica por culpa, generalmente, de la relativa debilidad académica de
esta disciplina.
La conservación del patrimonio debe tener como objetivo principal ofrecerlo
al público, es decir, situarlo en un contexto adecuado para que sirva para
comprender la realidad científica y técnica que corresponda. Teniendo en
cuenta que vivimos en un mundo lleno de mensajes de comunicación que nos
intentan seducir por mil y una cosa (generalmente para consumir esto o
aquello), los museos han de adaptar sus medios para poder competir con el
aluvión de las otras seducciones. El museo, en este sentido, ha de optar por
los recursos del mundo audiovisual y de la escena, para realizar, por ejemplo,
un auténtico parque temático de ciencia y tecnología. Podemos mencionar el
Museu Marítim de Barcelona, que incluye un recorrido en el que cada
visitante dispone de unos auriculares con explicaciones (en la lengua que
escoja) y efectos musicales y sonoros, y va siguiendo un circuito donde se
mezclan las magníficas piezas de que dispone el Museu con recreaciones de
ambiente, por ejemplo, de un puerto en Cuba (con atmósfera de humedad
incluida) o la cubierta de un transatlántico de las primeras décadas del siglo
XX, donde convivían la alta burguesía y la emigración.
Lo que decíamos por los museos también puede decirse por las bibliotecas y
los archivos, que han de buscar la manera de ser centros culturales vivos y
han de ofrecer parte de sus fondos en los nuevos medios, como la red
Internet, como ya hemos mencionado anteriormente.

EL RETO DEL PATRIMONIO CIENTÍFICO QUE GENERAMOS HOY
Una cuestión realmente muy urgente y, si quieren, preocupante, es la gestión
del patrimonio científico y técnico que estamos creando hoy en día.
Deberíamos ser conscientes que las últimas décadas son, desde casi todos los
puntos de vista, la época de máximo esplendor del desarrollo permanente de
la actividad académica universitaria y de investigación, que tiene
antecedentes bastante restringidos en la historia de Cataluña. Nos da la
impresión de que, desde el punto de vista de la conservación y utilización
didáctica del patrimonio, la comunidad científica actual no es bastante
consciente. La explicación se podría encontrar en la concepción de una
historia de la ciencia basada en las grandes figuras y los grandes inventos, que
deja un poco de lado la historia de la ciencia eficaz, integrada en la
comunidad científica internacional y al servicio de las necesidades inmediatas
o a medio y largo plazo de la sociedad. No parece que haya preocupación por
preservar los instrumentos o las instalaciones obsoletas cuando son
sustituidos, tanto en el mundo de la investigación como en el mundo de la
producción. Vemos los restos del pasado reciente con indiferencia, a veces
quizá con rencor, por las limitaciones que nos han hecho padecer. Y, sin
embargo, ya forman parte de la configuración presente de nuestra
personalidad. Lo mismo podemos decir de los archivos personales de
científicos, cuyo destino queda muchas veces en manos de herederos que no
saben o no pueden apreciar el valor de la correspondencia o de los borradores
o notas de laboratorio que pueden ser considerados como un testimonio de
gran valor de la vida científica de los últimos años. En este sentido, la Societat
Catalana d’Història de la Ciència i de la Tècnica y el Centre d’Història de las
Cièncias de la Universitat Autònoma de Barcelona impulsan la creación de un
centro de información y de coordinación que llaman provisionalmente
Servicio de Archivos de Ciencia, que esperamos que pueda cumplir un
función destacada en el objetivo de preservar y hacer comprensible el
patrimonio científico y técnico que generamos ahora.

Conservar (y actualizar) el patrimonio científico
Antoni Roca Rosell
Centro de Investigación para la Historia de la Técnica ETSEIB,
Universitat Politècnica de Catalunya.
Ref. Universidad de Valencia, Metode, Anuario 2000/38

lunes, 23 de septiembre de 2013

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO

ORDÓÑEZ, J. , NAVARRO, V. y J. M. SÁNCHEZ RON (2004) Historia de la ciencia,Madrid, Espasa Calpe.
-SOLÍS,C. y M. SELLÉS (2005) Historia de la ciencia, Madrid, Espasa Calpe.

Muchas veces me ha comentado Manuel Sellés la carencia en lengua castellana de
buenas historias de la ciencia. La enseñanza, la difusión e incluso la futura
investigación se resentían. Ahora aparecen, de la mano de la Editorial Espasa Calpe dos
importantes historias de la ciencia universal.
Más dirigida a un amplio público la primera, más a los estudiosos la segunda, son
ambas buena muestra de una alta calidad en nuestros historiadores y filósofos de la
ciencia. Muestran un erudito y excelente panorama de la evolución del saber
científico, siendo ambas imprescindibles para quienes se interesen por el pasado de la
ciencia.
En la primera se nos dice que se quiere huir de las categorías del presente, haciendo
hincapié en la organización del conocimiento científico. Se insiste en el mundo clásico
griego, pasando por encima del romano, llegando al mundo árabe y a la escuela de
traducción de Toledo. En fin, en las aulas universitarias que acogen un renovado
Aristóteles, se enseñan las ciencias que anuncian el mundo moderno. Tal como le
gustaba enseñar a Pedro Laín en esas últimas ciencias escolásticas se puede encontrar
el germen del saber futuro.
Para la revolución científica se propone un enfoque ecléctico, no centrado en factores
tan solo ‘internos’ o ‘externos’. Las novedades renacentistas se encuentran en las
técnicas, geográficas y culturales, pero también en las sociales y políticas. Las
instituciones y los instrumentos de Harvey o Galileo configuran el Barroco, las ciencias
renovadas llevan al maravilloso edificio newtoniano. El comercio y la revolución
industrial a la Ilustración, pues la física y las matemáticas, el estudio del calor y el vapor
renuevan el saber, que se completa con el estudio de la naturaleza por geólogos,
botánicos y zoólogos.
Darwin y Mendel son figuras esenciales en el mundo contemporáneo con sus brillantes
revelaciones sobre la transmisión de la vida, en la evolución y la herencia. La histología
de Santiago Ramón y Cajal y los descubrimientos sobre la infección y su lucha llevarían
a los estudios más nuevos de la bioquímica o la genética. La última química, el
electromagnetismo y la astrofísica se presentan de forma amena. La matemática no
euclidiana y el mundo de los ordenadores, se unirán a la mecánica cuántica y la
relatividad de Einstein. Se abre así el siglo XXI hacia una nueva concepción del cosmos
y de los procesos submoleculares de la vida.
El segundo libro profundiza en el concepto de ciencia, un elaborado producto cultural.
«A lo largo de los siglos, el esfuerzo por comprender y controlar el mundo, que por
comodidad llamamos ciencia, ha cambiado radicalmente de carácter como actividad
humana y como institución social. Ha modificado asimismo sus relaciones con otros
elementos de la cultura, con las instituciones de la política, la religión, la tecnología, la
economía, el arte o la filosofía». En las primeras páginas recuerdan los autores las
figuras de Alexandre Koyré y Thomas Samuel Kuhn, así como las aproximaciones más
sociales, como los marxismos o la labor de sociólogos como Max Weber y Robert King
Merton. «Una de las ideas que ha presidido la escritura de este libro ha sido la de
mostrar que la concepción misma de la ciencia, y no solo sus teorías, tiene una
historia». En este panorama, se elige prestar especial atención a las teorías científicas,
sobre todo las correspondientes a las ciencias de la naturaleza y matemáticas, ya que
era preciso valorar el peso relativo de cada disciplina y centrarse en ciertos desarrollos
a expensas de otros.
En cualquier caso, basta ojear las páginas dedicadas al mundo preclásico a al de la
revolución industrial para apreciar el cuidado y esfuerzo con que han contextualizado
las novedades científicas. Es necesario valorar el interés que los autores han tenido por
llegar al momento presente, en que la ciencia presenta día a día mayores
complejidades. También la aportación de materiales que completan y facilitan la
lectura. Desde luego, hay que señalar la bibliografía seleccionada tras cada capítulo, así
como los cuadros con conceptos, experimentos, objetos, libros o instituciones.
También algunos llevan importantes textos, o bien representaciones gráficas,
mostrando desde esquemas hasta símbolos como la maza, los escudos o el protector
rey de la Royal Society. No podían faltar las tablillas y papiros preclásicos, el cuadrante
mural de Tycho Brahe, o el experimento de Michelson y Morley. «Estos cuadros
pretenden ser ventanas que rompan el discurso cerrado del texto principal... », nos
dicen en su Presentación.
Se trata, pues, de dos libros imprescindibles para quienes se interesen por la ciencia y
su pasado, escritos de forma elegante y eficaz por algunos de los mejores historiadores
y filósofos de la ciencia de nuestro panorama intelectual. Sean bien venidos, como
apoyo necesario al avance y difusión de nuestras disciplinas.

(Reseña de José Luis Peset , en Asclepio-Vol. LVII-2-2005, pp. 287 y 288).

NOMBRES - REFERENCIAS - Sección I, Bloque I

José María López Piñero
Jacques Roger
Elena Hernández Sandoica
Viruelas y vacunas en Nueva Granada en el cambio del siglo XVIII al XIX
Agustín Albarracín
José Luis Peset
Centro de Estudios Históricos, actual Instituto de Historia
CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas)
Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación López Piñero
Institución Milá y Fontanals
Luis García Ballester
Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas
Sociedad Española de Historia de la Medicina
Jan Golinski
Ludwik Fleck
Gaston Bachelard
Thomas Khun
Steven Shapin
Simon Schaffer
Bruno Latour
Alexander von Humboldt
Roy MacLeod
Rober K. Merton
Paul Tannery
Friedrich Dannemann
Centro Internacional de Synthèse
Henri Berr
Marc Bloch
Lucien Febvre
Annales d’histoire économique et sociale
Georges Canghilhem
Michel Foucault
Alexandre Koyré
Journal of the History of Ideas
Paolo Rossi
Thomas Khun
Karl Popper
Imre Lakatos
Parul Feyerabend
Jacques Roger
Centro Alexandre Koyré
Ecole des Hautes Etudes en Sciencies Sociales
Jean-Pierre Peter
Olivier Faure
Jacques Léonard
Mathew Ramsey
Pietro Redondi
Gulio Barsanti
Antonello la Vergatta
Pietro Corsi
Roger Chartier
Dominique Pestre
Roselyne Rey
Jean-Louis Fischer
Claude Blanckaert
George Basalla
Lewis Pyenson
Xavier Polanco
Fernand Braudel
Renán Silva
David W. Chambers
Antonio Lafuente
José Sala
Francis Galton
Raquel Alvarez
Henry Sigerist
Diccionarios (Medicina, Historia Natural)
Academias
Roger Han
Eric Brian
Christian Demeulenaere
Roy Porter
Luis Sánchez Granjel
Agustín Albarracín
Guillermo Olagüe
Esteban Rodríguez Ocaña
Mariano Peset
Daniel Roche
Dominique Pestre
Andy Warwick
Paul Forman

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS - BLOQUE I

-BARATAS DÍAZ, A. Colecciones, patrimonio historicocientífico y estrategias de difusión, Universidad de Valencia, Metode, Anuario 2000/52.
-BARONA, J. Ll. (1994) Ciencia e historia. Debates y tendencias en la historiografía de la ciencia, Godella, Seminari d"Estudis sobre la Ciencia, Valencia.
-BELLIDO GANT, M. L. (2001) Arte, museos y nuevas tecnologías, Ediciones Trea, S. L., Gijón.
-BOCZKOWSKI P. J. (1996) “Acerca de las relaciones entre la(s) sociología(s) de la ciencia y de la tecnología: pasos hacia una dinámica de mutuo beneficio”, Redes, Vol. III, Núm. 8, diciembre, pp. 199-227.
-BRIAN, E. et C. DEMEULENAERE (1996) (Dir.) Histoire et memoire de l'Academie des sciences: guide de recherches / Academie des sciences, Tecdoc, Douyère, London,....
-CHALMERS, A. F. (1982) Qué es esa cosa llamada ciencia Ed. Siglo XXI, Madrid.
-CHAMBERS, D. W. (1993) “Locality and Science: Myths of centre and periphery”, en: LAFUENTE et AL (Eds) Mundialización de la ciencia v cultura nacional Actas del Congreso Internacional «Ciencia, descubrimiento y mundo colonial»,Universidad Autónoma de Madrid, Ediciones Doce Calles, Madrid, pp. 605-618.
-CHILD, R.E. (Ed.) (1994) Conservation of Geological Collections, Archetype Publications, London.
-COLLINS, C. (Ed.) (1995) Care and Conservation of Palaeontological Material, Butterworth – Heinemann, Oxford.
-FEYERABEND, P. K. (1974), Tratado contra el método, Ed. Tecnos, Madrid. (1ª ed. 1970)
-FLECK, L. (1986) La génesis y el desarrollo de un hecho científico, Alianza Editorial, Madrid. (1ª ed. 1935)
-FOUCAULT, M. (2007) Las palabras y las cosas, Madrid, Siglo XXI (1ª ed. 1966)
-GUTIÉRREZ RODILLA, B. (2005) El lenguaje de las ciencias, Editorial Gredos, Madrid.
-GÓMEZ ROMERO, P., Museos de Ciencia e Internet (Ponencia presentada en las Primeras Jornadas Ciencia Periodismo e Internet, Málaga, 19-20 Oct.2001)
-GOLINSKI, J. (1998), Making natural knowledge. Constructivism and the history of science. Cambridge University Press, Cambridge.
-HAN, R. (1971) Anatomy of a scientific institution: the Paris Academy of Sciences, 1666-1803, Berkeley, University of California.
-KHUN, T. (2006) La estructura de las revoluciones científicas, Madrid, FCE. (Primera ed. en 1962)
-KNELL, S.J. (Ed.) (1994) Care of Collections, Routledge, London.
-KRIGE, J. and D. PESTRE (Eds.) (1997) Science in the twentieth century, Harwood Academic Publishers, Amsterdam.
-LAFUENTE, A. y J. SALA (1989) "Ciencia colonial y roles profesionales en la América española del siglo XVIII", Quipu, 6, No. 3, pp. 387-403.
-LAKATOS, I. et all (1987 ) Historia de la Ciencia y sus Reconstrucciones Racionales, Editorial Tecnos S.A., Madrid (1ª ed. 1970)
-LATOUR, B. y S. WOOLGAR (1995), La vida en el laboratorio: la construcción de los hechos científicos, Alianza Editorial, Madrid.
-MACLEOD, R. (1977), “Changing Perspectives in the Social History of Science”, en I. SPIEGEL-ROSSING, I.and J. D. de SOLLA PRICE (eds.), Science, Technology and Society. A Cross-Disciplinary Perspective, Sage, London, pp. 149-195.
-MÁRQUEZ, R. et all., Los sonidos de los animales: una firma de su identidad, Quercus, 20/01/2011.
-MARTÍN, Hilda, Colección de animales y monstruos del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid (Publicado el 28 de noviembre de 2010 en “zoología y botánica” en "La Pepa Hoy").
-MARTÍNEZ MEYER, E. (2005)Las colecciones científicas: eje del conocimiento de la biodiversidad, Revista Mexicana de Mastozoología, 9, pp. 4-5.
-MERTON, R. K. (1977) La sociología de la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, (1ª ed. 1973)
-POPPER, K.R. (1971) La Lógica de la Investigación Científica, Ed. Tecnos. Madrid.
-ROCA ROSELL, A. Conservar (y actualizar) el patrimonio científico. Universidad de Valencia, Metode, Anuario 2000/38
-ROCHE, D. (2003) Humeurs vagabondes. De la circulation des hommes et de l’utilité des voyages, Fayard, Paris.
-SALDAÑA, J. J. Ciencia y cultura fuera de la órbita imperial o cómo aprendimos los latinoamericanos lo que sabemos, Taller Internacional sobre Partenariado Científico Norte-Sur y Sur-Sur, Cartagena de Indias, 28-30 noviembre de 2002.
-SHAPIN, S. y S. SCHAFFER (2005) El Leviathan y la bomba de vacío, Bernal, Editorial de la Universidad Nacional del Quilmes (1ª ed. 1985)
-SIGERIST, H. (1935) “L'histoire de la médecine et la sociologie médicale, X Congreso Internacional de Historia de la Medicina. Libro de Actas, Madrid, vol. II, pp. 325-6
-SIGERIST, H. (1943) Civilisation and Disease, Cornell University Press, Ithaca.


TRABAJO

El trabajo a realizar podrá tener una de estas dos modalidades:
Opción A) La elaboración de un Proyecto de Trabajo de Investigación individual, a partir de alguna de las temáticas abordadas en la asignatura (en torno a 10 / 12 páginas aproximadamente). No se trata, por tanto, de desarrollar un tema, sino de elaborar y preparar un Proyecto sobre un tema, que se pueda aplicar o desarrollar en un futuro.
Opción B) La elaboración de un "artículo" científico, con las normas habitualmente utilizadas y los requisitos exigidos en las publicaciones científicas (entre 15 y 25 páginas).

A) Si se elige la elaboración de un Proyecto de Trabajo de Investigación individual ,se puede utilizar el modelo sencillo que habitualmente se utiliza en las solicitudes al Ministerio de Ciencia y Tecnología:

-TÍTULO DEL PROYECTO

1. RESUMEN (breve y preciso, exponiendo solo los aspectos más relevantes y los objetivos propuestos. Máximo: 20 / 25 líneas)

2. INTRODUCCIÓN (máximo 3 páginas)

3. OBJETIVOS DEL PROYECTO (máximo 2 páginas)
3.1. Describir brevemente las razones por las cuales se considera pertinente plantear esta investigación y, en su caso, la hipótesis de partida en la que se sustentan los objetivos del proyecto (máximo:  20 / 25 líneas)
3.2. Indicar los antecedentes y resultados previos que avalan la validez de la  hipótesis de partida.
3.3. Enumerar brevemente, pero con claridad, precisión y de manera realista (es decir, acorde con la duración prevista del proyecto) los objetivos concretos que se persiguen.

4. METODOLOGÍA Y PLAN DE TRABAJO (máximo dos páginas)

5. BENEFICIOS DEL PROYECTO, DIFUSIÓN Y EXPLOTACIÓN, EN SU CASO, DE LOS RESULTADOS
(máximo 1 página)


Un modelo más detallado puede encontrarse en:

http://www.ciesas.edu.mx/Publicaciones/diccionario/Diccionario%20CIESAS/TEMAS%20PDF/Ruvalcaba%20104b.pdf


B)-Aquellos que elijan la Opción B, pueden encontrar algunas propuestas metodológicas para escribir un artículo que se considera “científico” en los siguiente enlaces: