ORDÓÑEZ, J. , NAVARRO, V. y J. M. SÁNCHEZ RON (2004) Historia de la ciencia,Madrid, Espasa Calpe.
-SOLÍS,C. y M. SELLÉS (2005) Historia de la ciencia, Madrid, Espasa Calpe.
Muchas veces me ha comentado Manuel Sellés la carencia en lengua castellana de
buenas historias de la ciencia. La enseñanza, la difusión e incluso la futura
investigación se resentían. Ahora aparecen, de la mano de la Editorial Espasa Calpe dos
importantes historias de la ciencia universal.
Más dirigida a un amplio público la primera, más a los estudiosos la segunda, son
ambas buena muestra de una alta calidad en nuestros historiadores y filósofos de la
ciencia. Muestran un erudito y excelente panorama de la evolución del saber
científico, siendo ambas imprescindibles para quienes se interesen por el pasado de la
ciencia.
En la primera se nos dice que se quiere huir de las categorías del presente, haciendo
hincapié en la organización del conocimiento científico. Se insiste en el mundo clásico
griego, pasando por encima del romano, llegando al mundo árabe y a la escuela de
traducción de Toledo. En fin, en las aulas universitarias que acogen un renovado
Aristóteles, se enseñan las ciencias que anuncian el mundo moderno. Tal como le
gustaba enseñar a Pedro Laín en esas últimas ciencias escolásticas se puede encontrar
el germen del saber futuro.
Para la revolución científica se propone un enfoque ecléctico, no centrado en factores
tan solo ‘internos’ o ‘externos’. Las novedades renacentistas se encuentran en las
técnicas, geográficas y culturales, pero también en las sociales y políticas. Las
instituciones y los instrumentos de Harvey o Galileo configuran el Barroco, las ciencias
renovadas llevan al maravilloso edificio newtoniano. El comercio y la revolución
industrial a la Ilustración, pues la física y las matemáticas, el estudio del calor y el vapor
renuevan el saber, que se completa con el estudio de la naturaleza por geólogos,
botánicos y zoólogos.
Darwin y Mendel son figuras esenciales en el mundo contemporáneo con sus brillantes
revelaciones sobre la transmisión de la vida, en la evolución y la herencia. La histología
de Santiago Ramón y Cajal y los descubrimientos sobre la infección y su lucha llevarían
a los estudios más nuevos de la bioquímica o la genética. La última química, el
electromagnetismo y la astrofísica se presentan de forma amena. La matemática no
euclidiana y el mundo de los ordenadores, se unirán a la mecánica cuántica y la
relatividad de Einstein. Se abre así el siglo XXI hacia una nueva concepción del cosmos
y de los procesos submoleculares de la vida.
El segundo libro profundiza en el concepto de ciencia, un elaborado producto cultural.
«A lo largo de los siglos, el esfuerzo por comprender y controlar el mundo, que por
comodidad llamamos ciencia, ha cambiado radicalmente de carácter como actividad
humana y como institución social. Ha modificado asimismo sus relaciones con otros
elementos de la cultura, con las instituciones de la política, la religión, la tecnología, la
economía, el arte o la filosofía». En las primeras páginas recuerdan los autores las
figuras de Alexandre Koyré y Thomas Samuel Kuhn, así como las aproximaciones más
sociales, como los marxismos o la labor de sociólogos como Max Weber y Robert King
Merton. «Una de las ideas que ha presidido la escritura de este libro ha sido la de
mostrar que la concepción misma de la ciencia, y no solo sus teorías, tiene una
historia». En este panorama, se elige prestar especial atención a las teorías científicas,
sobre todo las correspondientes a las ciencias de la naturaleza y matemáticas, ya que
era preciso valorar el peso relativo de cada disciplina y centrarse en ciertos desarrollos
a expensas de otros.
En cualquier caso, basta ojear las páginas dedicadas al mundo preclásico a al de la
revolución industrial para apreciar el cuidado y esfuerzo con que han contextualizado
las novedades científicas. Es necesario valorar el interés que los autores han tenido por
llegar al momento presente, en que la ciencia presenta día a día mayores
complejidades. También la aportación de materiales que completan y facilitan la
lectura. Desde luego, hay que señalar la bibliografía seleccionada tras cada capítulo, así
como los cuadros con conceptos, experimentos, objetos, libros o instituciones.
También algunos llevan importantes textos, o bien representaciones gráficas,
mostrando desde esquemas hasta símbolos como la maza, los escudos o el protector
rey de la Royal Society. No podían faltar las tablillas y papiros preclásicos, el cuadrante
mural de Tycho Brahe, o el experimento de Michelson y Morley. «Estos cuadros
pretenden ser ventanas que rompan el discurso cerrado del texto principal... », nos
dicen en su Presentación.
Se trata, pues, de dos libros imprescindibles para quienes se interesen por la ciencia y
su pasado, escritos de forma elegante y eficaz por algunos de los mejores historiadores
y filósofos de la ciencia de nuestro panorama intelectual. Sean bien venidos, como
apoyo necesario al avance y difusión de nuestras disciplinas.
(Reseña de José Luis Peset , en Asclepio-Vol. LVII-2-2005, pp. 287 y 288).
-SOLÍS,C. y M. SELLÉS (2005) Historia de la ciencia, Madrid, Espasa Calpe.
Muchas veces me ha comentado Manuel Sellés la carencia en lengua castellana de
buenas historias de la ciencia. La enseñanza, la difusión e incluso la futura
investigación se resentían. Ahora aparecen, de la mano de la Editorial Espasa Calpe dos
importantes historias de la ciencia universal.
Más dirigida a un amplio público la primera, más a los estudiosos la segunda, son
ambas buena muestra de una alta calidad en nuestros historiadores y filósofos de la
ciencia. Muestran un erudito y excelente panorama de la evolución del saber
científico, siendo ambas imprescindibles para quienes se interesen por el pasado de la
ciencia.
En la primera se nos dice que se quiere huir de las categorías del presente, haciendo
hincapié en la organización del conocimiento científico. Se insiste en el mundo clásico
griego, pasando por encima del romano, llegando al mundo árabe y a la escuela de
traducción de Toledo. En fin, en las aulas universitarias que acogen un renovado
Aristóteles, se enseñan las ciencias que anuncian el mundo moderno. Tal como le
gustaba enseñar a Pedro Laín en esas últimas ciencias escolásticas se puede encontrar
el germen del saber futuro.
Para la revolución científica se propone un enfoque ecléctico, no centrado en factores
tan solo ‘internos’ o ‘externos’. Las novedades renacentistas se encuentran en las
técnicas, geográficas y culturales, pero también en las sociales y políticas. Las
instituciones y los instrumentos de Harvey o Galileo configuran el Barroco, las ciencias
renovadas llevan al maravilloso edificio newtoniano. El comercio y la revolución
industrial a la Ilustración, pues la física y las matemáticas, el estudio del calor y el vapor
renuevan el saber, que se completa con el estudio de la naturaleza por geólogos,
botánicos y zoólogos.
Darwin y Mendel son figuras esenciales en el mundo contemporáneo con sus brillantes
revelaciones sobre la transmisión de la vida, en la evolución y la herencia. La histología
de Santiago Ramón y Cajal y los descubrimientos sobre la infección y su lucha llevarían
a los estudios más nuevos de la bioquímica o la genética. La última química, el
electromagnetismo y la astrofísica se presentan de forma amena. La matemática no
euclidiana y el mundo de los ordenadores, se unirán a la mecánica cuántica y la
relatividad de Einstein. Se abre así el siglo XXI hacia una nueva concepción del cosmos
y de los procesos submoleculares de la vida.
El segundo libro profundiza en el concepto de ciencia, un elaborado producto cultural.
«A lo largo de los siglos, el esfuerzo por comprender y controlar el mundo, que por
comodidad llamamos ciencia, ha cambiado radicalmente de carácter como actividad
humana y como institución social. Ha modificado asimismo sus relaciones con otros
elementos de la cultura, con las instituciones de la política, la religión, la tecnología, la
economía, el arte o la filosofía». En las primeras páginas recuerdan los autores las
figuras de Alexandre Koyré y Thomas Samuel Kuhn, así como las aproximaciones más
sociales, como los marxismos o la labor de sociólogos como Max Weber y Robert King
Merton. «Una de las ideas que ha presidido la escritura de este libro ha sido la de
mostrar que la concepción misma de la ciencia, y no solo sus teorías, tiene una
historia». En este panorama, se elige prestar especial atención a las teorías científicas,
sobre todo las correspondientes a las ciencias de la naturaleza y matemáticas, ya que
era preciso valorar el peso relativo de cada disciplina y centrarse en ciertos desarrollos
a expensas de otros.
En cualquier caso, basta ojear las páginas dedicadas al mundo preclásico a al de la
revolución industrial para apreciar el cuidado y esfuerzo con que han contextualizado
las novedades científicas. Es necesario valorar el interés que los autores han tenido por
llegar al momento presente, en que la ciencia presenta día a día mayores
complejidades. También la aportación de materiales que completan y facilitan la
lectura. Desde luego, hay que señalar la bibliografía seleccionada tras cada capítulo, así
como los cuadros con conceptos, experimentos, objetos, libros o instituciones.
También algunos llevan importantes textos, o bien representaciones gráficas,
mostrando desde esquemas hasta símbolos como la maza, los escudos o el protector
rey de la Royal Society. No podían faltar las tablillas y papiros preclásicos, el cuadrante
mural de Tycho Brahe, o el experimento de Michelson y Morley. «Estos cuadros
pretenden ser ventanas que rompan el discurso cerrado del texto principal... », nos
dicen en su Presentación.
Se trata, pues, de dos libros imprescindibles para quienes se interesen por la ciencia y
su pasado, escritos de forma elegante y eficaz por algunos de los mejores historiadores
y filósofos de la ciencia de nuestro panorama intelectual. Sean bien venidos, como
apoyo necesario al avance y difusión de nuestras disciplinas.
(Reseña de José Luis Peset , en Asclepio-Vol. LVII-2-2005, pp. 287 y 288).